El don del Espíritu es vital para la redención de la humanidad y el pacto de Dios con Su pueblo, la Iglesia de Jesucristo.
El Nuevo
Testamento vincula el don del Espíritu Santo con “las bendiciones de Abraham”,
la promesa de que Dios bendecirá a las naciones a través del Patriarca. El
derramamiento del Espíritu sobre la Iglesia es una de las promesas de Dios a
Israel, y las Escrituras lo confirman.